El Papa
Francisco dio en la mañana del 25 de septiembre una magistral cátedra en la sede de la Organización
de las Naciones Unidas en el marco de su viaje apostólico a Cuba y EEUU.
Luego de su paso por Cuba y el Congreso de los
Estados Unidos, el Papa Francisco visitó la Organización de las Naciones Unidas
y dio un discurso frente a los representantes de los más de 190 países que la
integran. Fiel a la preocupación por el ambiente y por la exclusión de los
pobres, el Papa reafirmó su compromiso e instó a la comunidad internacional a
actuar concretamente para recuperar el respeto por el medio ambiente y la
vivencia de la fraternidad universal, que implica la conciencia de sacralidad
de todas y cada una de las vidas humanas.
Remarcó la necesidad de que todos los países del
mundo puedan tener una participación real y equitativa en las decisiones en
función de eliminar el abuso sobre los países en desarrollo. Pidió especial
compromiso a los organismos financieros internacionales para terminar con la
opresión y la dependencia económica que ejercen a través de los créditos,
utilizados como una herramienta de dominación y exclusión. Es fundamental
recuperar los derechos de los países y de las personas, y es tarea de la ONU
velar por los derechos humanos y del ambiente, así como también se vuelve
exigencia el compromiso de todos los gobernantes con medidas urgentes y
concretas para que sean realmente efectivas las instituciones. La política y la
economía deben estar transversalmente marcadas por la justicia y los
representantes de los pueblos deben responder a las necesidades de los suyos y
garantizarles los derechos con los que aún no cuentan o que no se respetan,
rescatarlos de la situación de exclusión y de pobreza en la que están
envueltos. Es su deber garantizarles un mínimo: techo, trabajo, tierra y
libertad de espíritu.
Si no hay compromiso activo de parte de la comunidad
internacional, el ideal de la fraternidad universal, del respeto a la dignidad
humana, de un mundo equitativo y en paz se pierde, “corre el riesgo de
convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que
sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una
colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida
anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables”
enfatizó Francisco.
Con firmeza y convicción, el Papa pidió terminar las
amenazas de destrucción mutua entre los países, que sumergen a la ONU en un
clima de miedo y desconfianza para la acción, convirtiéndola en un fraude. Para
esto es preciso un acuerdo sobre la cuestión de las armas nucleares, y el Papa
apoyó esperanzadamente el reciente acuerdo en Asia y Oriente Medio sobre el
tema. También pidió especial atención sobre el narcotráfico, que calificó como
una guerra silenciosa, peligrosamente asumida por el mundo actual y contra la
que nada se hace.
En continuidad con la importancia del servicio
desinteresado y comprometido, del servicio al modo de Jesús, que el Papa
expresó en su homilía en la Plaza de la Revolución en La Habana, insistió en la
necesidad de trascendencia de sí mismo por el bien de los otros e instó a la
renuncia de la construcción de una elite omnipotente. Para orgullo de todos los
argentinos, en la conclusión de su discurso en la sede de New York de la ONU,
el Papa citó el Martín Fierro promoviendo la fraternidad universal para la
protección mutua de quienes buscan su propio beneficio a costa de todos los que
hoy son marginados y descartados, y son “devorados” por los poderosos. El Papa
Francisco aseguró su apoyo y su oración, así como el de todos los fieles de la
Iglesia Católica para que la ONU, los Estados que la conforman y sus
funcionarios sean verdaderos servidores de los pueblos y del mundo.

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