lunes, 28 de septiembre de 2015

Francisco, un Papa cercano a los pueblos, en la Asamblea General de la ONU

El Papa Francisco dio en la mañana del 25 de septiembre una magistral cátedra en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en el marco de su viaje apostólico a Cuba y EEUU.


Luego de su paso por Cuba y el Congreso de los Estados Unidos, el Papa Francisco visitó la Organización de las Naciones Unidas y dio un discurso frente a los representantes de los más de 190 países que la integran. Fiel a la preocupación por el ambiente y por la exclusión de los pobres, el Papa reafirmó su compromiso e instó a la comunidad internacional a actuar concretamente para recuperar el respeto por el medio ambiente y la vivencia de la fraternidad universal, que implica la conciencia de sacralidad de todas y cada una de las vidas humanas.
Remarcó la necesidad de que todos los países del mundo puedan tener una participación real y equitativa en las decisiones en función de eliminar el abuso sobre los países en desarrollo. Pidió especial compromiso a los organismos financieros internacionales para terminar con la opresión y la dependencia económica que ejercen a través de los créditos, utilizados como una herramienta de dominación y exclusión. Es fundamental recuperar los derechos de los países y de las personas, y es tarea de la ONU velar por los derechos humanos y del ambiente, así como también se vuelve exigencia el compromiso de todos los gobernantes con medidas urgentes y concretas para que sean realmente efectivas las instituciones. La política y la economía deben estar transversalmente marcadas por la justicia y los representantes de los pueblos deben responder a las necesidades de los suyos y garantizarles los derechos con los que aún no cuentan o que no se respetan, rescatarlos de la situación de exclusión y de pobreza en la que están envueltos. Es su deber garantizarles un mínimo: techo, trabajo, tierra y libertad de espíritu.  
Si no hay compromiso activo de parte de la comunidad internacional, el ideal de la fraternidad universal, del respeto a la dignidad humana, de un mundo equitativo y en paz se pierde, “corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables” enfatizó Francisco.
Con firmeza y convicción, el Papa pidió terminar las amenazas de destrucción mutua entre los países, que sumergen a la ONU en un clima de miedo y desconfianza para la acción, convirtiéndola en un fraude. Para esto es preciso un acuerdo sobre la cuestión de las armas nucleares, y el Papa apoyó esperanzadamente el reciente acuerdo en Asia y Oriente Medio sobre el tema. También pidió especial atención sobre el narcotráfico, que calificó como una guerra silenciosa, peligrosamente asumida por el mundo actual y contra la que nada se hace.
En continuidad con la importancia del servicio desinteresado y comprometido, del servicio al modo de Jesús, que el Papa expresó en su homilía en la Plaza de la Revolución en La Habana, insistió en la necesidad de trascendencia de sí mismo por el bien de los otros e instó a la renuncia de la construcción de una elite omnipotente. Para orgullo de todos los argentinos, en la conclusión de su discurso en la sede de New York de la ONU, el Papa citó el Martín Fierro promoviendo la fraternidad universal para la protección mutua de quienes buscan su propio beneficio a costa de todos los que hoy son marginados y descartados, y son “devorados” por los poderosos. El Papa Francisco aseguró su apoyo y su oración, así como el de todos los fieles de la Iglesia Católica para que la ONU, los Estados que la conforman y sus funcionarios sean verdaderos servidores de los pueblos y del mundo. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario