El Papa
Francisco está logrando, con su carisma y su incansable espíritu misionero, que
la opción por los pobres sea concreta y visible, tanto para los cristianos como
para todos aquellos atentos a su palabra y su obra, creyentes o no. Francisco
está llevando la voz de los pobres a todos los rincones del mundo, y le habla a
los poderosos sin miedo ni reservas. No se cansa de hacer evidente su opción
por ellos, de mostrarse cercano y atento a sus necesidades. Así quedó
claramente manifestado durante sus últimos dos viajes apostólicos de este año,
a Ecuador, Bolivia y Paraguay en julio, y más recientemente a Cuba, Estados
Unidos, y a la sede de la Organización de las Naciones Unidas en septiembre.
Sin embargo, esta
actitud de Francisco, que ha atravesado todo su pontificado hasta el momento,
lo marcó de manera fundamental desde el comienzo. Es por ello que el Cardenal
Jorge Mario Bergoglio, al momento de su asunción como Sumo Pontífice de la
Iglesia Católica eligió un nombre peculiar: Francisco. ¿Por qué eligió este
nombre, que hasta entonces no había utilizado ningún Papa? Porque su llamado
fue a realizar una Iglesia por los pobres y para los pobres, y la figura de San
Francisco de Asís representaba esta opción. Cuenta el Papa Francisco que al ser
elegido, su gran amigo, el Cardenal brasileño Claudio Hummes le dijo: “No te
olvides de los pobres”, y esa palabra se le marcó a fuego en el corazón: los
pobres.
Es necesario y
urgente que el mundo escuche a los pobres. El Papa quiere que ellos se hagan
oír. Así, se preocupa y ocupa, no los deja librados a su suerte o a la suerte
que los poderosos deciden para ellos. Francisco tiene clara conciencia del amor
y cuidado de Jesús con los necesitados y excluidos, y quiere que la Iglesia
cumpla su misión con ellos para inspirar a que todos sean parte de esta tarea
desde sus posibilidades y sus habilidades. Si bien todos tenemos
responsabilidad de acción, Francisco recuerda a los gobernantes y a los
economistas la responsabilidad aún mayor que tienen con sus pueblos. “Amen a su
patria, a sus conciudadanos y, sobre todo, amen a los más pobres. Así serán
ante el mundo un testimonio de que otro modelo de desarrollo es posible”, nos
dice el Papa.
En el pobre,
está el rostro de Jesús. Y no estamos únicamente llamados a brindarles un plato
de comida, un refugio o un abrigo. El llamado implica esto, pero también es más
profundo y alude a su dignidad: reconocer su ser persona, aprender de ellos y
colaborar en su desarrollo, ofrecer la apertura del corazón. Es claro que
debemos velar por sus necesidades básicas, pero nunca descuidar el apoyo, la
compañía. El contacto, la mirada. Todos formamos parte de un mismo pueblo y una
misma casa. Francisco es rotundo: “Nadie puede sentirse exceptuado de la
preocupación por los pobres y por la justicia social”. Pongamos, con compromiso
y alegría, manos a la obra.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario